Sigamos practicando español con dos texto de opinión.
Cada 8 de marzo se abre un espacio para recordar que los derechos de las mujeres no han sido concesiones, sino el resultado de luchas colectivas que continúan hasta hoy. En medio de estas reflexiones, también es importante escuchar las voces de mujeres que, desde distintos espacios, piensan y nombran su experiencia.
Comparto aquí un texto de Sonia Jimenez Armendáriz, profesora y cantautora, quien escribió esta reflexión con sensibilidad y mirada crítica.
Su texto nos invita a detenernos un momento y pensar qué significa este día más allá de las consignas, recordando la historia, el trabajo y las luchas que lo sostienen.
Funciona para estudiantes de ELE nivel B2 en adelante.
👇🏼👇🏼👇🏼👇🏼
DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER TRABAJADORA
Nuestra conmemoración se inscribe en la lucha feminista, que a través de los siglos y las diferentes
latitudes de nuestro planeta, se ha dado develando las desigualdades y las condiciones de
opresión que el orden patriarcal instala, a través del sistema, en todas nuestras relaciones
humanas y con la naturaleza.
No siempre fue así. En el México antiguo, por mencionar un ejemplo, la filosofía cosmogónica
tenía por principio el reconocimiento de la dualidad, “el OME” que no estipula como categoría
superior ningún género, sino la presencia de las entidades en igualdad para la generación del
equilibrio existencial.
Realmente no sólo el orden patriarcal sino, el individualismo, la acumulación, el clasismo (con sus
raíces en la diferencia de “castas”, los feudos, etc.), fueron parte de la importación ideológica que
la Europa periférica trajo con la invasión al Abya Yala. Y que construyeron posteriormente los
cimientos político, sociales y culturales que la burguesía integró al capitalismo.
En este “orden” el capitalismo como sistema de acumulación para unos cuántos, encontró en el
patriarcado la pieza clave para perpetuar los privilegios de una clase minoritaria sobre los
derechos de la mayoría.
Me refiero, en éste último párrafo, a la sincronía entre opresión y explotación a través de las
jerarquías determinadas por género, orientación sexual, color de piel, nivel socio económico.
El feminismo, primero desde la concientización de estas formas de opresión y explotación contra
las mujeres: con menores sueldos que sus pares hombres, sin derecho a la tierra, sin derecho a la
educación, confinadas al espacio privado, sin derecho al voto ni a ser votadas, convoca a
transformar la vida pública a través de la generación de leyes y derechos.
La reflexión continua, la organización y la movilización no se posicionan en la denuncia de las
injusticias dentro de la esfera femenina únicamente. En cambio, plantean que esta desigualdad
estructural también oprime a los hombres. Puesto que los establece como proveedores y los
explota utilizando a sus compañeras trabajadoras en la contención de salarios. En algunas
ocasiones, acusándolas de ser la causa de la pérdida de empleos para ellos.
El feminismo analiza también que el último eslabón de opresión constituido por mujeres, viejos,
comunidad LGBTTTQ+ , infantes y personas con discapacidad, se agudiza con mayor desigualdad
ante diferencias económicas, de orientación sexual y étnicas. Así, la opresión que sufre una mujer
cisgénero, blanca, heterosexual, no es la misma que padece una mujer negra o transgénero o
indígena.
La lucha feminista establece que estas desigualdades y jerarquías de opresión, dividen a la clase
trabajadora, que en lugar de mirar hacia el grupo hegemónico capitalista que es el que realmente
impone a través de su influencia económico política las condiciones de explotación contra la clase
trabajadora, dirige su frustración hacia sus pares explotados. Asumiendo que eliminar de su
camino laboral a sus compañeros de clase para llegar al pódium del capitalista, es la solución para
tener una vida plena.
Así pues, el movimiento feminista, reivindica los derechos de la mujer trabajadora y propone las
condiciones de igualdad que constituyan también el reconocimiento de los trabajadores en
general.
Por eso, el día internacional de la mujer trabajadora es un día de conmemoración porque
recordamos a las compañeras que lucharon y muchas veces no vieron el resultado del que
gozamos nosotras gracias a ellas.
El día internacional de la mujer trabajadora representa la oportunidad de tomar la consigna donde
haya quedado y avanzar aún más.
Hasta que sea comprendido, en su totalidad, que la lucha feminista es un movimiento político-
cultural que busca la eliminación de las condiciones de opresión para todas y todos, seguiremos
insistiendo en la necesidad de reconocernos como clase y unirnos contra las políticas de
desigualdad, opresión y explotación que produce el capitalismo contra todas, todos, todes y
contra la naturaleza.
¡Que viva el movimiento Feminista!
¡Qué vivan las y los trabajadores del mundo!
¡Que viva la libertad, la justicia y la dignidad!
Autora: Sonia Jiménez Armendáriz
Profesora, cantautora.
Su formación política comenzó durante su infancia con la influencia de sus padres en la lucha sindical y el movimiento pro cuba. Más tarde durante el movimiento zapatista en el año 1994 inició la participación política activa dentro del Frente Zapatista de Liberacion Nacional FZLN y posteriormente con el movimiento Obradorista.
Actualmente es colaboradora en Radio BUAP en la emisión sobre feminismo de RM12 Dirigida por Antonio Ballinas con la conducción de Maria Olano y en la emisión de Kamanalli conversando con mujeres producida por Maria Olano.
Se desempeña como trabajadora de la educación en la Escuela de Bellas Artes de Tultepec.
Ahora, comparto un texto de María Sabroso, sexóloga, psicoterapeuta feminista y escritora. Desde su mirada crítica y su experiencia acompañando procesos personales, su reflexión aporta una perspectiva profunda sobre el significado del Día Internacional de la Mujer y los desafíos que aún enfrentamos en el día a día.
Su texto nos invita a pensar este día más allá de las consignas, como una oportunidad para cuestionar, comprender y seguir construyendo caminos de justicia e igualdad.
Funciona para estudiantes de ELE nivel A2
👇🏼👇🏼👇🏼👇🏼
Ser mujer en el mundo significa aprender muy pronto algo que rara vez se nombra.
Que gran parte de tu seguridad dependerá de que los hombres se controlen.
Que controlen su violencia.
Que controlen su sexualidad.
Que controlen su rabia.
Que controlen su forma de ocupar el espacio, el poder y los cuerpos de las mujeres y criaturas.
Desde niñas aprendemos a observar.
A leer gestos.
A interpretar silencios.
A anticipar cambios de humor.
A calcular distancias.
A cerrar las piernas.
Aprendemos a evaluar constantemente si estamos seguras.
Porque sabemos algo.
Que muchos hombres son más grandes que nosotras.
Más fuertes que nosotras.
Y que esa diferencia física puede convertirse en intimidación o en violencia con solo un gesto, una mirada o un acercamiento.
Aprendemos a medir.
La ropa.
La hora.
La calle por la que caminamos.
La forma en que respondemos.
El espacio que ocupamos.
Aprendemos incluso a medir nuestra libertad, no vaya a ser excesiva y nos ocurra algo malo por ello.
Algo de lo que se nos culpará por andar tan sueltas.
Pero esto que conocemos desde empezamos a movernos no es solo una cuestión de fuerza física ni de comportamientos individuales.
Vivimos en sociedades cuyas leyes, normas e instituciones han sido construidas durante siglos por hombres.
Un orden social atravesado por sus reglas, sus ideas sobre lo que debe ser una mujer, sus expectativas, sus límites y sus jerarquías.
Las mujeres nacemos dentro de ese marco.
Y ese marco sigue funcionando en todo el mundo.
No existe un solo país donde las mujeres no sufran violencia sexual.
No existe un solo país donde las mujeres no sufran violencia física.
No existe un solo país donde las mujeres no vivan con algún grado de amenaza o intimidación.
Ni uno.
Por eso aprendemos desde muy pronto algo que muchos hombres nunca necesitan aprender:
A vivir en alerta.
Miramos atrás cuando caminamos solas.
Compartimos ubicaciones.
Cambiamos de acera.
Calculamos riesgos que otros ni siquiera perciben.
No es exageración.
Es aprendizaje.
Es lo que ocurre cuando tu seguridad depende demasiadas veces de algo que no está en tus manos:
Que un hombre se contenga.
Que module su violencia.
Que module su sexualidad.
Que module su sensación de derecho sobre ti.
Que decida no dañarte.
Ninguna vida debería depender de eso.
Ninguna libertad debería organizarse alrededor de la esperanza de que alguien decida no hacerte mal, pudiendo.
Y, sin embargo, esa ha sido durante siglos una de las condiciones de la existencia de las mujeres.
Por eso el 8M no es solo una fecha.
Es el recordatorio de que la libertad de las mujeres sigue condicionada por un orden social que nos obliga a vivir vigilantes, calculando constantemente nuestra seguridad.
Queremos algo radicalmente distinto.
Un mundo donde nuestra libertad no dependa de otros.
Un mundo donde las reglas, las leyes y las instituciones no estén construidas a costa de nuestra vulnerabilidad.
Un mundo donde ser mujer no signifique existir en modo alerta, riesgo o miedo aleatorio.
Donde no tengamos que callar todo lo que nos pasó.
Donde el compartir común de las que estamos vivas y sanas no sea:
¿A ti también, hermana?
¿Tú también has tenido que vivir todo eso?
Seguimos luchando.
#8M
María Sabroso